
Ella también tenía dos hijas, de la misma edad que la de él. “Así mi hija no se sentirá sola –pensó el buen padre–; al mismo tiempo que una segunda madre, mi hija gana dos hermanas.” Pero la realidad no fue así por culpa de la altiva y orgullosa mujer que había tomado por esposa.
Apenas se celebraron las bodas, la madrastra dio rienda suelta a su mal carácter: